Bajo el tapete

December 4, 2004

Memorias dispersas

A continuación coloco un extracto del libro de Fernando Villegas Memorias dispersas, Juicios erráticos

En este capítulo de su libro habla del Septiembre Negro. Sus impresiones de esa época y la manera en que se fueron desarrollando las cosas. Las consecuencias. Su posición, que para muchos puede parecer desleznable pero para otros (me incluyo) es válida.

Hablando primero de las fiestas patrias que se desarrollan en septiembre pasa luego a hablar del golpe militar y los ańos que vinieron, dice así:

Sobre todo de hablar, de discutir sobre Pinochet. Yo mismo lo hice en un libro, tiempo atrás. Lo resumo aquí en un par de líneas: no lo veo ni como asesino ni como adalid de la patria. No lo veo como un monstruo más sangriento que cualquiera erguido por la historia al poder total en circunstancias de conflicto agudo. Desde arriba las realidades de la vida tienden a desvanecerse; no hay hombres de carne y hueso que eventualmente sean enemigos, sino miembros de una categoría dańina. Los marxistas han hecho y aun hacen lo mismo: el oponente no es un hombre sino un Ťelementoť, partícula elemental de la Ťpequeńa o gran burguesíať, de los Ťterratenientesť, del enemigo de clase. Los elementos no tienen rostro, familia, sangre, afectos, pensamientos, vidas; son sólo estorbos, alimańas a las que se extermina con insecticida. Así el almirante Merino hablaba de humanoides y Pinochet se refería casi con arcadas a los marxistas-leninistas … . Eran los tiempos cuando Francisco Javier Cuadra, por entonces no todavía el gran demócrata que es hoy sino el joven lindo del régimen, un fulano de fría hermosura que hacía temblar las cańuelas a las periodistas del sector, una suerte de maniquí peinado con estrictas capas de gomina, impávido, representación algo espúrea de un oficial de la SS, aparecía como vocero a soltar heladas advertencias a la chusma.
No le tengo odio ni rencor a ninguno de esos personajes. Los veo, ahora, como lo que siempre fueron: pobres, miserables, diminutos, encogidos, avasallados seres humanos taconeando duro y empinándose lo más que podían para ponerse a las alturas de la Ťdurezať. Patético espectáculo es el del hombre intentando ser demonio o ángel. No excluyo a las víctimas. Ser víctima no significa virtud moral superior, sino generalmente eficacia política y combativa menor. No por ser asesinado gana uno la iniciación de un expediente de beato, no por tener uno las manos limpias no podrían tenerse sucias si la ocasión se presentase. żQué diré pues de Pinochet, ahora convertido en un anciano legalmente incapacitado y blanco de todos los gérmenes y todas las afecciones cada vez que se le menciona como objeto de un nuevo proceso?. Por definición su nuevo estado, catálogo de todo lo que la vejez y el retiro significan, lo hacen, ahora, insigníficante. No es ya un Político presente, sino más bien, un personaje de la historia y en esta calidad dejó la penúltima palabra a los especialistas, quienes, desde sus respectivas trincheras, lo convertirán en monstruo sanguinarlo o en Salvador de la Patria. En lo personal, por las razones ya expuestas más arriba, me resulta difícil ponerlo en alguna de ambas. Confieso aquí algo que quizás se les habrá revelado ya si han tenido la paciencia de leer al menos unos cuatro o cinco capítulos de este libro: mi visión del ser humano es más pesimista que la de quien dijo que el hombre es el lobo del hombre. No es que crea en su perversidad, sino en su inconsciencia; no es que pueda ser grande en el Mal, en el Bien, sino eterno en SU pequeńez y por tanto con gran facilidad arrastrable a una cosa u otras por las más mínimas y nimias razones. No somos lobos ,sino cucarachas. Rectifiquemos entonces al seńor Tomás Hobbes: <,el hombre es la cucaracha del hombre>. Un hombre es puesto en un púlpito frente a una congregación de fieles y espetará discursos sobre la moral y la solidaridad; el mismo hombre recibe un uniforme y una pistola y tenderá a darle una patada en los dientes al vencido que tiene frente a él, inerme.

A Pinochet le dieron un uniforme, una pistola y ańos de carrera militar, un adoctrinamiento en virtud del cual los marxistas eran despreciables y además con los ańos obtuvo un cargo lo suficientemente alto para no ver, allá abajo, sino hormigas -o cucarachas-, y el resultado es el conocido. żPuede usted exterminar a alguien a quien mira a los ojos y cuya familia le ha sido presentada? La matanza siempre supone distancia física y/o personal. Para esos efectos, para matar cara a cara, se requiere a gente especial: a verdugos encallecidos, a bestias, a monstruos. El que comanda a aquellos tal vez ni siquiera los conoce. El de arriba sólo firma unos documentos o pega un telefonazo. A lo más ve unos nombres en una lista, si acaso. Por supuesto que el firmante sabe de qué se trata; van a ejecutar a unos fulanos, pero son apenas un nombre dentro de una categoría: enemigos de la patria, Ťelementos contrarrevolucionariosť, Ťmarxistasť, traidores, subversivos, etc. Es como cuando a uno le dicen
Me piden que hable también de la Iglesia Católica. La santa madre iglesia. Pero, żqué decir? Soy ateo. Estoy más allá o más acá de su convocatoria. Sólo puedo observarla corno institución formada por seres humanos y desprovista de ninguna comunicación especial con la divinidad. Y así, desnuda, tanto en el Chile de hoy como en cualquier otra parte y época la veo como cualquier otra institución, inextrincable mezcla o madeja de hombres generosos y egoístas, de mediocres y talentos, de principios y axiomas absurdos dando lugar a actos irremediables y ruinosos temperados sólo por esa enorme virtud del género humano que es la pereza y la indolencia, únicas capaces de poner un límite natural a las estupideces que sugiere el discurso. Si hubiera habido más desgano y displicencia para cumplir la orden de quemar la biblioteca de Alejandría sobre la base del torpe silogismo Ťo son a favor del islam y no se necesitan o son en contra y deben ser destruidosť no se hubiera perdido ese tesoro. Lamentablemente esos lambeculos corrieron a cumplir el mandato. Hay pocos tipos con poder y de la inteligencia de Talleyrand-Périgord, quien, cada mańana al llegar tardísimo a su oficina en el Servicio Exterior de Napoleón, se apresuraba en recomendar a sus subalternos: Ťno os apuréisť.

Tengo favoritismo por la manga ancha como Filosofía y política general en toda clase de situaciones. Evita muchas desgracias. Evade las definiciones o reglamentos tan ajenos a la complejidad de la vida. Los Robespierres o Saint Just o Lenin de este mundo son una plaga. En el caso de la Iglesia son los Torquemada, los vicarios castrenses, los beatos, los directores espirituales de sectas fundamentalistas, los puros que con fría sonrisa le hacen asco al vino. Pongo especialmente en mi lista negra al fundador del Opus Del, un cońo antipático, duro, áspero, desdeńoso. Fue santificado y ahora está a la diestra de Dios Padre, pero prefiero al cura de pueblo que va a los casoríos y se empina un par de botellas, come como sabańón y aprecia con ojos de conocedor las corvas de las huasas. Cristo, de existir, está más cerca de estos últimos porque, al fin y al cabo, żqué importan en verdad los pecados de la carne? Nada. Pero, curiosamente nuestra Iglesia Católica los ha puesto muy alto últimamente. Uno esperaría, al contrario, que ella despotricara contra la soberbia de los poderosos, la codicia de los ricos, la vanidad de los vanidosos, la dureza de los potentados, el orgullo enfermizo de los que son candidatos a santos, de los sectarios, etc. De eso no se oye ni pío. Será porque de esas almas perdidas viene el dinero que mantiene a la institución? żO hay algo recóndito en la doctrina que hace del sexo algo sospechoso? Parece que sí. Léase la Summa Teológica de Aquino. La mujer y el sexo son tentaciones horrorosas que pueden conducirnos al infierno; más vale, entonces, ya que es inevitable, poner todo eso a buen recaudo dentro del matrimonio con Dios como testigo y fiador.
żAdónde va la Iglesia entonces?
Os digo que de continuar en sus trece bajo el gobierno de octogenarios habrá de seguir deslizándose poco a poco hacia la inanidad. Suplirán su labor de apoyo espiritual entidades más vitales, actuales y acogedoras. Aun los privilegiados, católicos a rabiar por una cuestión de interés político y costumbre de su medio, tenderán a abandonarla. El colegio cardenalicio y el papado se han vuelto todavía más sordos que en el pasado. ż0 temerán con buenas razones que de abrir una compuerta se les venga abajo el dique entero? ĄCuántas tormentas no ha resistido esa vieja y venerable barca! żQuién es uno para hacer pronósticos? Como me dijo la autoridad de una variante adventista luego de oír mis comentarios ŤVillegas ha habido miles y aquí estarnos… ť.
Tiene toda la razón.

(Memorias Dispersas, Juicios Erráticos, Fernando Villegas. ed. Grijalbo, 2003)

 

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